Meta y Propósito del Seminario
26 de enero, 2004
Santo Domingo, República Dominicana
La Meta y propósito del seminario era el ser capaces de renovar y despertar
en nosotros los Impulsos Sagrados de la Esperanza, la Aceptación, la Fe y el
Amor, representados por cada uno de los
Cuatro profetas. Practicamos los Movimientos de los Cuatro Profetas y el
Ejercicio de la Mañana que se relaciona con ellos en nuestra tradición.
Hubo cuatro grupos principales y cada uno fue responsable de presentar al
resto uno de los Cuatro Profetas y la Ciudad Sagrada asociada a ellos: La Meca
con Mahoma, Benarés con Buda, Lhassa
con Lama y Jerusalén con Cristo. Cada participante escogió, previo al seminario, una
ciudad en particular y el correspondiente Profeta. Ellos dispusieron,
organizaron y coordinaron su exposición en su grupo correspondiente de modo que
pudieran compartir con el resto los frutos de su trabajo.
Cada grupo empleó diferentes medios en sus exposiciones –fotos, películas,
grabaciones de varios tipos y charlas– a fin de presentar tantos detalles como
fueran posibles de los Lugares Sagrados, así como la historia y biografía de
los Profetas.
El Ejercicio de la Mañana, los movimientos y las exposiciones iban mano a
mano y cada día parecía como si toda la comunidad añadiera una nueva
comprensión. Eran como piezas de un rompecabezas y, a medida que pasaban los
días, la imagen en su totalidad se hacía cada vez más clara: reunir al grupo
bajo una Meta con la creciente certidumbre de que no éramos individuos
separados, cada uno tirando hacia su propia dirección. Pero a medida que el
vínculo común se fortalecía, también sentíamos que existe además la posibilidad
de recibir Ayuda de lo Alto a fin de vencer nuestros obstáculos ordinarios en
la vida.
Hubo siete
pequeños grupos y cada uno fue responsable de trabajar con un tema y
proporcionar la exposición y el ejercicio diario al resto el grupo. Cada
miembro contribuyó basándose en su propia comprensión. Sin lugar a dudas,
podemos compartir mucho más de lo que habitualmente estamos dispuestos a
compartir. Para algunas personas el conocimiento significa poder y se sienten
más seguros manteniendo lo que saben para sí mismos. Pero debemos aprender que
al compartir lo que sabemos estamos creando un vacío por medio del cual es
posible que entre en nosotros un conocimiento nuevo y fresco. El viejo
conocimiento puede llegar a estancarse en el tiempo, de modo que es mucho mejor
compartirlo que seguir con él.
Hemos recibido una cantidad tan amplia de técnicas, ejercicios, movimientos
y conocimiento que debemos sentirnos responsables de diseminarlos y
compartirlos con los demás. Hay una gran necesidad en el mundo de provocar la
transformación en las personas. El secreto ya no puede ser mantenido en
secreto. Tenemos que afectar a otros de un modo positivo, tenemos que
convertirnos nuevamente en seres humanos normales. Pero insistimos en apartar y
restringir a aquellos que pudieran tener acceso a éste conocimiento
convirtiéndonos en jueces y guardianes; entonces, empezamos a determinar quién
puede y quién no puede recibirlo. El Sr. G. decía muy claramente que el
conocimiento está ahí para ser tomado pero que la gente no lo desea. Debemos
llegar a ser como sembradores, sin que nos importe dónde caigan las semillas.
Podemos estar seguros de que algunas caerán en la buena tierra y darán mucho
fruto.